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Salud |
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Adicción .............................................................................. ............................... Recuperando el amor perdido |
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Hoy en día, la adicción a las drogas es uno de los problemas que aquejan de manera alarmante a la sociedad, como consecuencia el hombre ha tratado de combatirla haciendo uso de varios medios; sin embargo, ninguno ha dado resultados definitivos. Al parecer se trata de erradicar el problema de manera superficial, pues se dejan de lado aspectos tan importantes como son: la constitución de los sujetos y las verdaderas razones por las cuales se vuelve adicto. Santiago Korin (psicoanalista), propone una descripción de la adicción, la cual define como una incorporación impulsiva y reiterada de un objeto no humano (droga), no animado y artificial, para generar representaciones en el polo perceptual del aparato psíquico; ya sea para modificar estados de ánimo (componentes depresivos) o para evitar una desintegración psicótica (componentes esquizoides), se observan elementos autoagresivos con un significado potencial suicida, además de una pobre discriminación en general y, en especial, perturbaciones de la identidad sexual. La incorporación o ingesta impulsiva del tóxico es una conducta defensiva frente a elementos depresivos o esquizoides. Estos impulsos son claramente patológicos, en cuanto se caracterizan por una cualidad irresistible e irrefrenable dentro de un marco de extrema tensión, donde la expresión de lo que en el fondo acontece al sujeto llega a ser inadecuada, y según la Asociación Americana de Psicología, éste acto impulsivo tiene un componente placentero. Además, la mayoría de las veces hay una marcada negación de los otros, y en muchas ocasiones una desconsideración notoria del sujeto hacia sí mismo. En cuanto el dolor psíquico, que muchos de los adictos experimentan, Freud examinó las fuentes del sufrimiento y las soluciones intentadas por el hombre, quien tiene la posibilidad de influir sobre su propio organismo. Él menciona que es evidente que ciertas sustancias extrañas al organismo, cuya presencia en la sangre o en los tejidos nos proporcione directamente sensaciones placenteras, modifican las condiciones de nuestra sensibilidad, de manera tal, que nos impiden percibir estímulos desagradables. Ambos efectos no sólo son simultáneos sino que parecen estar íntimamente vinculados, pero en nuestro propio organismo deben existir también sustancias que cumplen un fin análogo, pues conocemos por lo menos un estado patológico, la manía, en la que se produce esa conducta similar a la embriaguez, sin incorporación de droga alguna. Por otra parte, en la mayoría de los casos de pacientes adictos se comprueba que el sentimiento oceánico, normal y necesario en las primeras etapas del desarrollo psicobiológico, se ha perdido brusca y traumáticamente. A veces se trata de pérdidas precoces de gran significación afectiva y en otras, de una presencia sólo nominal de los padres. Por ejemplo, durante periodos cruciales de desarrollo, los sujetos adictos comieron en soledad, sin que sus padres pudieran gozar con ellos, aislándose psíquicamente de estos, aunque estuvieran presentes. La adicción reside en la atracción que padece el adicto por los fenómenos sensoriales que producen las drogas, que consisten esencialmente, en perturbaciones de la percepción y del juicio de la realidad. La atracción por los efectos que producen ciertas drogas corresponde a una búsqueda activa de estados de confusión que son establecidos con una finalidad defensiva; en donde la importancia de dichos estados confusionales depende no solamente de la angustia que generan, sino que la confusión puede ser también utilizada como defensa contra sentimientos de culpabilidad que surgen ante la hostilidad hacia el objeto. En el caso de los adictos, la droga es un objeto de deseo que se vuelve un objeto de necesidad. Con relación a la hostilidad Korin menciona que el tóxico se configura como un objeto que puede servir para transformar la hostilidad. Además, la droga sirve para hacer menos intensa la amenaza de castración. Pues se trata de recuperar la verdad y el conocimiento, o el amor y perdón, ya que la ingesta se da por falta de amor. Y si verdaderamente es esa falta de amor lo que lleva al sujeto a sumergirse en el mundo de las drogas, no deberíamos brindarle ese amor que necesita y entonces el problema de solucionaría; sin embargo, ese objeto de deseo (droga) se ha vuelto objeto de necesidad y no será tan fácil que el adicto deje el objeto que satisface su necesidad. Además, habría que pensar porque no todos los individuos que han experimentado esa falta de amor, que a mi parecer todos en algún momento de la vida la hemos experimentado; se refugian en las drogas, quizá una de las respuestas sería que cada individuo es diferente y que cada uno percibe la misma situación de manera distinta y de igual manera cada uno tendrá su propia salida, su propio objeto que satisfaga su necesidad. |
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Artículo de la Carrera en Salud Pública |
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proporcionado por la Profesora María Isabel Rojas Hernández |
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Referencias: |
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Korin, S. (1981). Drogadicciones graves en adolescentes: una aproximación psicoanalítica. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. |
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Maldonado, J. (1996). Sobre la patología del alcoholismo y la drogadicción en la experiencia psicoanalítica. Psicoanálisis ApdeBA. Vol.XVIII. No. 2. Argentina. p.p. 259 -281 |
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